HA CONCLUIDO UN CICLO MAS EN ESA JORNADA. EL TALLER DE MASCARAS COMO CADA AÑO HA DEJADO UN GRATO SABOR DE BOCA TANTO A LOS ESPECTADORES LOCALES Y EXTRANJEROS.
QUIERO AGRADECER A TODOS AQUELLOS QUE DIRECTA O INDIRECTAMENTE HICIERON LO HICIERON POSIBLE, ASI MISMO, AL COMITE ORGANIZADOR DE LA MUERTEADA 2009 A RAUL SANCHEZ MORALES, EDER CUEVAS FRANCO, ADRIAN AMARILDO, GERARDO BONILLA ETC... PERO SOBRE TODO ESPECIALMENTE AL SEÑOR PRESIDENTE MUNICIPAL DE SANTA MARIA ATZOMPA POR SU GRAN APOYO! EN FIN, A TODOS LOS CHAVOS QUE CON GRAN PACIENCIA Y DEDICACION TRABAJARON SUS MASCARAS QUE DIERON VIDA A NUESTRA GRAN FESTIVIDAD.


VAMOS CON PASO FIRME Y ESTAMOS LISTOS PARA ENFRETAR EL PRESENTE Y FUTURO INMEDIATO DE NUESTRA TRADICION. ADELANTE MUERTEROS!







IVAN MICHEL


ESPEJO DE HUMO

PROXIMO EVENTO:




















FIESTA ANUAL DEL 12 DE DICIEMBRE. ESTAN TODOS INVITADOS!
















MUERTEADA 2008 TODO UN EXITO!!!

TALLERES 2008



Los hacedores de rostros


Todas las Muerteadas tienen vida propia. Algunas de ellas transitan entre lo dantesco y la tradición. Otras, como la de Yahuiche, caminan por el sendero de lo artístico. Desde hace algunos años, el pueblo de San Jerónimo Yahuiche reluce en la geografía oaxaqueña como una comunidad de artistas plásticos, siempre creativa, siempre dispuesta a renovarse a sí misma. La exploración del arte ha permitido a la población transformarse junto con sus tradiciones. La Muerteada 2007 –de Alto Poder, como fue nombrada por algún gracioso- es el inicio de una seria reflexión sobre la realización de las fiestas de noviembre.


El Grupo Cultural Yahuiche no sólo cumple con el ritual mortuorio los días 1 y 2 de noviembre, sino extiende su manto creativo para cubrir con elementos artísticos el rito de la muerte. Ahora, el poblado no figura sólo por la plástica, sino por la factura de las Muerteadas. Cada pueblo y colonia oaxaqueña mantiene en un plano competitivo en su fiesta, tratando de mostrar en cada comparsa de día de muertos los mejores vestidos, los versos mejor rimados y, sobre todo, las mejores máscaras, y esa es la distinción de las Muerteadas de Yahuiche. El ahora Grupo Cultural Yahuiche desde hace varios años ha realizado con afán las máscaras participantes con la única finalidad de ostentarlas en la fiesta, sin percibir que la calidad de elaboración sobrepasaba los límites tradicionales. De igual modo sucedía con sus vestuarios. Sin abandonar la esencia de la Muerteada, el grupo se fue adentrando en la búsqueda de materiales que permitieran desarrollar el equilibrio entre lo artístico y lo tradicional, y encontraron el camino perfecto al fundir elementos de los antiguos mexicanos con la experiencia plástica que los caracteriza.


Las máscaras de Yahuiche son un continente de referencias. Cada una de ellas tiene las personalidades de los creadores, el rostro de la tierra, de los amigos, de los indígenas, de la muerte. Porque el arte objeto no tiene cabida en el evento, las máscaras detonan gracia, terror o misterio al usarlas. Son para alegrar la fiesta y no para adornar paredes, y el derroche creativo está encaminado a imaginar las perspectivas del comparsa, los ángulos de la mirada del espectador, del andante, y para crear la atmósfera de la Muerteada. Son hechas para dotar de vida a la Muerte, al Diablo, a los muertos. Construirla, pulirla y pintarla es reflejar la vida misma de la Muerte en la máscara.


La cara de la Muerte, en los ojos de las comparsas de Yahuiche, tiene rostro indígena. Viste, calza y vive –aunque seas por unas horas- como un poblador más de la comunidad. No pretende instalarse en un terreno que no conoce, por el contrario, reivindica los colores que el campesino tiene en el rostro. El color de la tierra, lo llamó alguien. Son evidentes las claras referencias prehispánicas en las máscaras de la Muerte. Seguramente, los muerteros de Yahuiche han pensado en los abuelos y en las reminiscencias de éstos, que alguna vez danzaron hace siglos en honor a la Muerte. Finalmente, las Muerteadas están dedicadas a ellos, a los que legaron la fiesta, a los que están enterrados en la historia y ni muertos pueden vivir sin ella.


Pero no todo es muerte en la Muerteada. La comparsa de día de muertos es una exhibición del imaginario. Los abuelos, los diablos, los curas, los huerfanitos y las viudas, son una hipnótica galería de lo desconocido. Las máscaras no son para causar terror, sino alegría, y su factura generalmente remite al arquetipo; no obstante, el inframundo, el cielo y la tierra –representados en las máscaras de los personajes-, son materia de imaginación perversa o virtuosa. Interpretarlas es tarea del espectador. Los más juguetones diablos y aterradoras ancianas desfilan, bailan y actúan sólo para hacer reír a la Muerte y a los vivos. Porque aunque la muerte sea la invitada de honor a la Muerteada, durante una noche concede el permiso de recorrer sus dominios y jugar a que ella es la que juega. La Muerteada es una comparsa de paradojas, donde la Muerte olvida su labor eterna y vive, por unas horas, en las máscaras de los muerteros, que le dan vida a ella, a quien la quita; y no todo es Muerte en la Muerteada.


El Grupo Cultural Yahuiche, impulsor de la Muerteada como tradición, tiene la destreza de la creación artística y eso se evidencia en la solicitud que ahora tiene por parte de otras poblaciones para elaborar máscaras para posteriores comparsas. La fiesta pues, no se termina en Yahuiche. Y está en las manos de los hacedores de rostros ampliar lo que hasta hoy es una labor una local, para continuar con la belleza de las tradiciones oaxaqueñas, que nos muestra la sonrisa honesta de la Muerte en su fiesta, en la fiesta de todos nosotros.


Lic. German Bernardo.

GRUPO CULTURAL YAHUICHE

Las manifestaciones culturales en la vida de una comunidad están ligadas a los usos, costumbres y tradiciones, que subsisten de forma viva en los habitantes de la misma, en ocasiones apoyadas por las autoridades municipales. Bajo dicha premisa algunos acontecimientos artísticos congregan a toda la comunidad y la integran dándole fuerza, vitalidad y perspectivas a futuro. Cuando la participación directa y el interés de las autoridades no llenan las expectativas requeridas por la población para satisfacer el espíritu y la convivencia social, es necesario que personas interesadas en el arte y la cultura se congreguen por iniciativa propia e impulsen trabajos relacionados con la comunidad. Así, surgen grupos culturales como el nuestro, deseosos de participar en la vida cultural de nuestro pueblo. Hemos iniciado formalmente con la Muerteada 2007, pero deseamos continuar con otros proyectos como la Posada 2007 y la Pastorela Felipe de la vida. Aunque esto no se ha hecho con el apoyo amplio de autoridades, pronto así será, eso lo sabemos, y los trabajos de nuestro grupo se verán reforzados en espacio y apoyo material para cualquier proyecto que emprendamos. El Grupo Cultural Yahuiche está integrado por los ciudadanos mismos: músicos, pintores, actores, bailarines y estudiantes de todos los niveles, reunidos bajo el único objetivo de servir a nuestra comunidad con lo que sabemos hacer y aprender de nuestros compañeros lo que aún no sabemos, pero necesitamos para desarrollarnos integralmente como seres humanos plenos y participativos. Hoy hemos empezado aquí, en el corazón de nuestra comunidad. Algún día quizás estaremos recorriendo otros paisajes, otros lugares, otros pueblos, compartiendo con todos el producto de nuestro andar por esta tierra que vio nacer a nuestros abuelos y verá nacer a nuestras generaciones venideras. La ruta apenas empieza. El camino es amplio y hay espacio para todos... ¡Bienvenidos a esta jornada!


EL IR Y VENIR DE LOS MUERTOS



Es octubre y por las calles de la ciudad de Oaxaca deambulan los vivos. Cuando es noviembre, las huellas de los vivos dejan lugar a los pasos de los muertos. Los que tienen vida saludan, sombrero en mano, a los del más allá; los muertos sonríen y agradecen por los regalos y solicitudes de los del más acá.

Pocas son las tradiciones que pueden hacer identificable a todo un pueblo, pero son menos aún aquellas que los unen. Las conmemoraciones del día de Todos los Santos en Oaxaca tienen la particularidad de convertir una tradición en una celebración colectiva. La diversidad religiosa no es impedimento para la fiesta y, en muchos casos, los adeptos a cada doctrina dejan de lado los cánones que los rigen y se vuelcan al ánimo sobresaliente. Quizá honrar de esa peculiar manera a los muertos esté inserta en la herencia genética de nuestra raza oaxaqueña.

El día de muertos en Oaxaca es característico de la región, principalmente por una especial forma de celebrarlo. Recién entrada la noche, grupos de personas toman diversos atuendos tradicionales y se disponen a recorrer las calles en una graciosa comparsa de enmascarados. A pesar del festejo nacional, la tradición oaxaqueña quebranta las formas de la costumbre. La Muerteada, llamada así por razones obvias, es una procesión festiva con reconocimiento local, aunque poco a poco esa propiedad ha dejado de ser privativa de nuestro estado, pues cada vez son más los visitantes que asisten expresamente a recorrer las calles de la ciudad en compañía de vivos y muertos. Y la tradición se extiende más allá de la frontera oaxaqueña.

Poblaciones cercanas a la capital del estado como Etla y su gigantesco valle, Xoxocotlán, y barrios de la ciudad, realizan sin excepción su Comparsa de Día de Muertos con una procesión festiva en la cual se recitan versos alusivos a los fieles difuntos o bien, cómicas invenciones destinadas a burlarse de personajes públicos. Otros lugares como Santo Domingo Barrio Alto y San Jerónimo Yahuiche, por mencionar algunos, van más allá de la mera procesión y llevan a cabo, durante la noche, la misma procesión, pero acompañada de una comedia parateatral.

Una viuda que sufre por la muerte del marido borracho, los hijos que le lloran y los abuelos que lo celebran, son la base del drama. A ellos se suman médicos, curas, enfermeras, campesinos, diablos, curanderos y, por supuesto, la muerte en persona. Cada uno de los vivos intenta, sin éxito, revivir al muerto y curiosamente, sólo el curandero –símbolo de nuestra herencia prehispánica- lo logra. Siguiendo los hábitos de las procesiones mortuorias de noviembre, las palabras derivan en versos, los versos en rimas y los versos rimados en una estructura dramática. La historia la repiten en muchas ocasiones durante la noche, pero con una particularidad: cada representación tiene versos nuevos, en su mayoría improvisados.


Los muerteros, como se hacen llamar, son todos hombres. Ellos realizan la totalidad de los personajes, incluyendo a los femeninos. Sus vestimentas son la imagen del arquetipo y se ubican en la frontera de lo grotesco. Por eso, cuando los versos se dedican a personajes conocidos –ya sean de la población o del ámbito nacional-, suelen ser graciosos hasta la hilaridad. La Muerteada ha sido, desde sus inicios, una tribuna de denuncia, un foro donde se amonestan las faltas consumadas durante el resto del año y que han lesionado la cohesión de la comunidad. Quizá radique ahí su éxito y su necesidad, pues más que una fiesta se ha convertido en un ritual de transición, con un pueblo ávido de justicia que exige, al menos durante una noche, reclamar a voces las transgresiones y escarnecer, sin ofender, al culpable de ello.

Los relatos orales sitúan en la etapa pre-revolucionaria el origen de la Muerteada, cuando los terratenientes eran los dueños hasta de la vida del campesino. Por las noches de noviembre, cuando era normal la asistencia de la gente a los panteones para llevar comida a sus muertos, la gente se enmascaraba y representaba a los patrones, llevando el rencor social hasta la ofensa. De este modo, el imaginario colectivo saldaba deudas con aquellos que a diario le infringían humillaciones. La noche del día de muertos se convirtió, desde entonces, en el tribunal de la revancha, en el ajuste de cuentas realizado desde el anonimato.

La celebración, anónima, exige la máscara. Hace años sólo eran aceptables las máscaras hechas de madera. Algunos muerteros aún las ocupan y, más aún, las fabrican. En estos tiempos modernos, tan susceptibles a la asimilación rápida de lo global, es de agradecer que en las Muerteadas no sea admitido el uso de máscaras que representen monstruos hollywoodenses. Aunque en el recorrido por las calles se observen este tipo de imágenes, en la representación semiteatral están prohibidas. En Yahuiche, pueblo de artistas plásticos, hacen una espectacular exhibición de su trabajo. Desde meses antes se dedican a la factura de la máscara que ocuparán en la celebración y el resultado ha sido que diversos medios de comunicación extranjeros les requieran para grabar programas sobre las tradiciones existentes en Oaxaca. En cuanto a las vestimentas, es de mencionar –y alabar- la preocupación ocasionada por el aspecto que mostrarán en la fiesta. El anonimato es respetado a profundidad, incluso entre la misma familia del muertero, quienes no deben saber cuál personaje representará su pariente. La tradición exige anonimato y perfección, por lo que se realizan ensayos previos a la Muerteada. En los pueblos se llama al ensayo mediante un cuerno de toro o en ausencia de éste, una corneta. Así el pueblo se entera de la realización de la Muerteada. Sólo los muerteros son convocados, y el anonimato es conservado.

Las fiestas de los pueblos de Oaxaca en Día de Muertos son, sin duda, el más claro signo de homogeneidad del pueblo oaxaqueño. La celebración del verano, considerada la fiesta oaxaqueña por excelencia, no cuenta con el carácter comunitario que presenta la unión social que generan los muertos. El mes de noviembre y su llegada determinan la economía de gran parte del año. El comercio está igualmente de fiesta y las cosechas encuentran un cauce lógico de consumo. El ir y venir de los muertos al mundo de los vivos nos hace no sólo recordarlos, sino vivirlos y festejarlos.
Sólo en México la muerte es humanizada y sólo en Oaxaca la dejamos recorrer las calles abrazados de ella. En la Muerteada ella deja de hacer su trabajo y mira, complaciente, como el hombre se ríe con ella. Los vestidos y las máscaras transforman los lugares y a las personas, por algo Mircea Eliade afirmaba “Uno se convierte en lo que uno muestra”. Y la celebración del Día de Muertos oaxaqueño resuelve, por una noche el misterio de la muerte al cederle a ésta un espacio de regocijo para que posponga su interminable tarea al menos por unas horas; y a los muertos momentos de festejo con las personas que amaban. Esa es la solución al misterio: hacer reír a la muerte. Seguro con eso ella nos regala unos minutos más en esta tierra. O dicho en términos muerteros: Órale muerte bonita, danos chance de gozar, que después de tu risita, igual nos has de llevar. Celebremos, pues.



Germán Bernardo

Lic. En Literatura Dramática y teatro. Por la Facultad de Filosofia y Letras de la U.N.A.M

GRUPO CULTURAL YAHUICHE