TALLERES 2008



Los hacedores de rostros


Todas las Muerteadas tienen vida propia. Algunas de ellas transitan entre lo dantesco y la tradición. Otras, como la de Yahuiche, caminan por el sendero de lo artístico. Desde hace algunos años, el pueblo de San Jerónimo Yahuiche reluce en la geografía oaxaqueña como una comunidad de artistas plásticos, siempre creativa, siempre dispuesta a renovarse a sí misma. La exploración del arte ha permitido a la población transformarse junto con sus tradiciones. La Muerteada 2007 –de Alto Poder, como fue nombrada por algún gracioso- es el inicio de una seria reflexión sobre la realización de las fiestas de noviembre.


El Grupo Cultural Yahuiche no sólo cumple con el ritual mortuorio los días 1 y 2 de noviembre, sino extiende su manto creativo para cubrir con elementos artísticos el rito de la muerte. Ahora, el poblado no figura sólo por la plástica, sino por la factura de las Muerteadas. Cada pueblo y colonia oaxaqueña mantiene en un plano competitivo en su fiesta, tratando de mostrar en cada comparsa de día de muertos los mejores vestidos, los versos mejor rimados y, sobre todo, las mejores máscaras, y esa es la distinción de las Muerteadas de Yahuiche. El ahora Grupo Cultural Yahuiche desde hace varios años ha realizado con afán las máscaras participantes con la única finalidad de ostentarlas en la fiesta, sin percibir que la calidad de elaboración sobrepasaba los límites tradicionales. De igual modo sucedía con sus vestuarios. Sin abandonar la esencia de la Muerteada, el grupo se fue adentrando en la búsqueda de materiales que permitieran desarrollar el equilibrio entre lo artístico y lo tradicional, y encontraron el camino perfecto al fundir elementos de los antiguos mexicanos con la experiencia plástica que los caracteriza.


Las máscaras de Yahuiche son un continente de referencias. Cada una de ellas tiene las personalidades de los creadores, el rostro de la tierra, de los amigos, de los indígenas, de la muerte. Porque el arte objeto no tiene cabida en el evento, las máscaras detonan gracia, terror o misterio al usarlas. Son para alegrar la fiesta y no para adornar paredes, y el derroche creativo está encaminado a imaginar las perspectivas del comparsa, los ángulos de la mirada del espectador, del andante, y para crear la atmósfera de la Muerteada. Son hechas para dotar de vida a la Muerte, al Diablo, a los muertos. Construirla, pulirla y pintarla es reflejar la vida misma de la Muerte en la máscara.


La cara de la Muerte, en los ojos de las comparsas de Yahuiche, tiene rostro indígena. Viste, calza y vive –aunque seas por unas horas- como un poblador más de la comunidad. No pretende instalarse en un terreno que no conoce, por el contrario, reivindica los colores que el campesino tiene en el rostro. El color de la tierra, lo llamó alguien. Son evidentes las claras referencias prehispánicas en las máscaras de la Muerte. Seguramente, los muerteros de Yahuiche han pensado en los abuelos y en las reminiscencias de éstos, que alguna vez danzaron hace siglos en honor a la Muerte. Finalmente, las Muerteadas están dedicadas a ellos, a los que legaron la fiesta, a los que están enterrados en la historia y ni muertos pueden vivir sin ella.


Pero no todo es muerte en la Muerteada. La comparsa de día de muertos es una exhibición del imaginario. Los abuelos, los diablos, los curas, los huerfanitos y las viudas, son una hipnótica galería de lo desconocido. Las máscaras no son para causar terror, sino alegría, y su factura generalmente remite al arquetipo; no obstante, el inframundo, el cielo y la tierra –representados en las máscaras de los personajes-, son materia de imaginación perversa o virtuosa. Interpretarlas es tarea del espectador. Los más juguetones diablos y aterradoras ancianas desfilan, bailan y actúan sólo para hacer reír a la Muerte y a los vivos. Porque aunque la muerte sea la invitada de honor a la Muerteada, durante una noche concede el permiso de recorrer sus dominios y jugar a que ella es la que juega. La Muerteada es una comparsa de paradojas, donde la Muerte olvida su labor eterna y vive, por unas horas, en las máscaras de los muerteros, que le dan vida a ella, a quien la quita; y no todo es Muerte en la Muerteada.


El Grupo Cultural Yahuiche, impulsor de la Muerteada como tradición, tiene la destreza de la creación artística y eso se evidencia en la solicitud que ahora tiene por parte de otras poblaciones para elaborar máscaras para posteriores comparsas. La fiesta pues, no se termina en Yahuiche. Y está en las manos de los hacedores de rostros ampliar lo que hasta hoy es una labor una local, para continuar con la belleza de las tradiciones oaxaqueñas, que nos muestra la sonrisa honesta de la Muerte en su fiesta, en la fiesta de todos nosotros.


Lic. German Bernardo.

GRUPO CULTURAL YAHUICHE